La ley de causa y efecto
La ley de causa y efecto (karma) rige el funcionamiento del universo. Una vez que ponemos en movimiento nuestro cuerpo, palabra o mente, inevitablemente habrá una consecuencia. Ya sean visibles o invisibles, grandes o pequeñas, buenas o malas, nuestras acciones impregnan inmediatamente el universo y dan forma a nuestra experiencia. Esta es la esencia del dicho: «Cosechas lo que siembras». En este sentido, cada día experimentamos las consecuencias de nuestras acciones pasadas.
El poder de la intención
Cuando surge un pensamiento de compasión —aunque no se exprese ni se lleve a cabo—, esa intención invisible resuena en todo el universo y tendrá un resultado positivo. Lo mismo ocurre a la inversa: si albergamos ira o maldecimos a otros en nuestro interior, incluso sin palabras ni acciones externas, las consecuencias no recaen sobre aquellos a quienes odiamos; se vuelven contra nosotros. Al generar intenciones negativas, sembramos semillas de sufrimiento en nuestra propia mente.
Una verdad realizada, no inventada
Fuera del budismo, pocas tradiciones hacen hincapié en el karma a lo largo de las vidas pasadas, presentes y futuras, o en el funcionamiento de los seis reinos del renacimiento. Las tradiciones brahmánicas hablan de ello, pero no con la precisión y profundidad que se encuentran en las enseñanzas budistas.
El universo siempre se ha regido por esta ley dinámica, pero pocos la han comprendido verdaderamente. Buda Shakyamuni, tras alcanzar una iluminación perfecta e insuperable, comprendió directamente esta verdad y la proclamó con claridad y exhaustividad, para que pudiéramos aceptarla con fe y saber qué elegir en la vida. Esta ley del universo no fue su invención, sino su descubrimiento.
Causa, condición y efecto
Entre causa y efecto se encuentran las condiciones. Si comparamos la causa con una semilla, las condiciones serían la tierra, la luz solar, el agua y los nutrientes. Solo cuando la causa y las condiciones se combinan se produce un resultado. Como dice el refrán: «Si siembras melones, cosecharás melones; si siembras frijoles, cosecharás frijoles»: los resultados corresponden a las causas. Sin las condiciones adecuadas, ni siquiera la mejor semilla germinará.
Transformando el karma a través de la práctica
Si en vidas pasadas obramos mal por ignorancia, ¿cómo podemos evitar las dolorosas consecuencias? Absteniéndose de propiciar situaciones perjudiciales y cultivando otras positivas: mantengan un corazón bondadoso, hablen con amabilidad y hagan el bien. Sin condiciones adversas, esas semillas no pueden convertirse en sufrimiento.
Por el contrario, cuando hemos sembrado buenas semillas (amor, generosidad, consideración por los demás, incluso aceptar la pérdida sin quejarse), debemos proporcionar abundantes condiciones saludables para que los buenos resultados maduren antes y las pequeñas causas produzcan grandes efectos.
En resumen, debemos mantenernos cerca de personas virtuosas, cultivar condiciones saludables y practicar la bondad en pensamiento, palabra y obra, convirtiéndonos así en personas verdaderamente buenas.
El nombre que encarna toda virtud
Entre todas las enseñanzas mundanas y trascendentes, solo el nombre de Buda Namo Amitabha encarna la virtud infinita y concuerda con la realidad última. Si, momento a momento, pensamiento tras pensamiento, invocamos este nombre del Buda y nos unimos a él, entonces «esta mente crea al Buda; esta mente es el Buda». En ese mismo instante, nosotros y Amitabha somos uno en cuerpo y mente.
(Traducido por el equipo de traducción de Pure Land School;
editado por Householder Fojin)
