Las cosas más grandes y maravillosas de la vida a menudo parecen simples y sin importancia.
Esto me recuerda la historia de Bian Que y sus dos hermanos. Los tres fueron médicos legendarios del estado de Wei, en la antigua China, cada uno con una habilidad extraordinaria. Sin embargo, solo Bian Que, el más joven, es recordado como la quintaesencia del maestro sanador. Sus hermanos, aunque igualmente dotados, no dejaron legado personal.
En realidad, Bian Que era el menos hábil de todos. No es modestia, es la pura realidad.
Una vez, el gobernante de Wei le preguntó:
"Entre tú y tus hermanos, todos médicos estimados, ¿quién es el más competente?"
Bian Que respondió: “Mi hermano mayor es el mejor, mi segundo hermano viene después y yo soy el menos hábil”.
El gobernante, sorprendido, insistió:
"Si es así ¿por qué eres el más famoso?"
Bian Que explicó: «Mi hermano mayor trata una enfermedad incluso antes de que se manifieste. Como la gente nunca se da cuenta de que ya la ha prevenido, su habilidad pasa desapercibida y su reputación no se divulga».
Mi segundo hermano trata cualquier enfermedad a la primera. La gente cree que solo trata dolencias menores, así que su fama se queda en nuestra ciudad.
Pero solo trato enfermedades cuando se agravan. La gente me ve realizar procedimientos espectaculares —acupuntura, sangrías, emplastos herbales— y se deslumbra ante lo que parece milagroso. Por eso mi nombre es conocido en todo el país.
Curar a la primera señal de enfermedad, o mejor aún, prevenirla por completo, es el arte supremo de la medicina. Una vez que la enfermedad se ha instalado, incluso los tratamientos más heroicos, aunque aparentemente milagrosos, simplemente restablecen el equilibrio al agotar la energía vital del cuerpo. Lo que parece extraordinario a menudo es solo la respuesta necesaria a la gravedad de la afección.
La verdadera maestría reside en detectar la enfermedad antes de que se manifieste, utilizando remedios tan suaves que la curación ocurre desapercibida, a veces incluso antes de que el paciente se dé cuenta. Evitar el desastre discretamente, restaurar la salud antes de que nadie se dé cuenta del peligro, es la verdadera genialidad de la curación.
Semejante grandeza nunca es esotérica: es sencilla, modesta y sin fanfarrias.
La liberación del Buda Amitabha funciona de la misma manera.
Con sencillez, en la recitación silenciosa del Buda Namo Amitabha, el recitador se transforma de un ser común a un ser iluminado sin esfuerzo. Es una hazaña increíble del Buda Amitabha, realizada de forma sutil y discreta.
Nuestra liberación del samsara, la realización de la Budeidad en la Tierra Pura, todo reside en este único nombre: “Namo Amitabha Buddha”.
Mucha gente no lo comprende del todo. Algunos recitan el nombre sin conocer su profundidad, pero aun así alcanzan la Budeidad. Este Nombre encarna el milagro más profundo, oculto en una serena simplicidad.
Sin embargo, muchos lo descartan, considerándolo demasiado simple, demasiado fácil, demasiado sencillo para ser real. Anhelan señales impactantes y grandes revelaciones. Creen que liberarse del samsara y alcanzar la iluminación requiere lucha y dificultades.
"¿Cómo podría alguien convertirse en un Buda así, tan simple y con tanta facilidad?", se preguntan.
No ven que las cosas más grandes requieren la menor ostentación.
El logro de la Budeidad trasciende el pensamiento humano, más allá de toda percepción mundana. Todo lo que experimentamos está sujeto a nuestra comprensión limitada.
Nuestro renacimiento en la Tierra Pura, nuestro logro de la iluminación: éstas son las obras del propio Buda Amitabha, algo más allá de la comprensión ordinaria.
Mientras dependamos únicamente de la sensación y la experiencia, permanecemos atrapados en el ciclo de nacimiento y muerte. La verdadera trascendencia reside más allá de estos límites.
Recitar el nombre de Amitabha para alcanzar la Budeidad supera todo lenguaje, pensamiento, principio y razonamiento mundanos. Es la forma más sutil y natural de salvación del Buda.
Todas las tribulaciones que uno podría esperar en el camino hacia la Budeidad, el Buda Amitabha ya las ha soportado en silencio por nosotros.
Ahora sólo necesitamos sumergirnos en la recitación tranquila de “Namo Amitabha Buddha”: el trabajo completo de nuestra iluminación total se cumple de manera natural.
Alcanzar la Budeidad mediante la recitación de Amitabha es presenciar la maravilla de todo. Es el milagro supremo, realizado sin mayor fanfarria.
(Traducido por el equipo de traducción de la Escuela Tierra Pura;
editado por el jefe de familia Fojin)
Editado por Foxing Cabanelas
