“Es esa persona la que me hace sentir tan miserable”.
¿Te suena familiar?
Decimos cosas así todo el tiempo. Pero déjame preguntarte: ¿es realmente cierto?
A menudo nos encontramos atribuyendo nuestro dolor a otra persona:
“Lo que dijo me molestó” o “Lo que ella hizo me arruinó el día”.
Cuando señalamos a otros, el problema parece simple. Parece que hemos encontrado la respuesta: "¡Bueno, obviamente es culpa suya! ¿Cómo es posible que yo sea el que está equivocado?".
Pero ¿admitir que podríamos ser nosotros los causantes de nuestro propio sufrimiento? Es un trago amargo.
La mejor manera de superar esto es cultivar la Visión Correcta. El primer aspecto de la Visión Correcta es comprender que somos los únicos responsables de todo lo que nos sucede. Todo nuestro sufrimiento y felicidad son solo nuestros; nadie puede experimentarlos en nuestro lugar. Nuestro sufrimiento es, en esencia, el sufrimiento de nuestra propia mente. Entonces, ¿quién es capaz de causar sufrimiento a nuestra mente? Solo nosotros mismos.
Cuando afirmas que las palabras de otros te hieren, solo pueden hacerlo con tu consentimiento. Puedes oírlas, pero solo tienen poder sobre ti si las permites. Si te niegas a dar ese consentimiento, si simplemente las ignoras, no pueden tocarte. Así de simple.
El código para una vida feliz y el control de tu destino deben permanecer firmemente en tus manos. Este código es el karma, la ley de causa y efecto. Es un conocimiento budista fundamental: todos los fenómenos son manifestaciones de la mente, y todo lo que experimentamos es obra nuestra.
Así como los consejos honestos son duros de oír y la buena medicina es amarga de sabor, debemos aceptar que, como todo es obra nuestra, no podemos eludir la responsabilidad. Debemos ser nosotros quienes solucionemos nuestros propios problemas.
Quejarse es la salida fácil. Simplemente culpas a alguien más por tus problemas.
Pero al hacer eso, estás cediendo la llave de tu propia alegría. Crees que se la has dado, pero ni siquiera la quieren. Están ocupados viviendo sus propias vidas y no les importa la tuya.
¿Dónde se fue la llave? La tiraron, perdida en medio de la nada. Al tirar la llave de tu propia felicidad, te quedaste atrapado en una habitación sombría sin salida. Imagina el precio que eso te supone. Así que la clave para abrir la puerta a tu felicidad es darte cuenta de que solo tú debes ser dueño de tu experiencia.
(Traducido por el equipo de traducción de la Escuela Tierra Pura; editado por el jefe de familia Fojin, editado al español por Foxing)
