Tu vida no está predestinada.
Tu karma no es definitivo.
Tu destino no es inmutable.
Mediante el voto de Amitabha,
la red del karma se rompe,
el curso del destino se redirige,
y nuestro destino se transforma.
Si no recitamos el nombre de Amitabha,
nuestras vidas permanecen atadas al karma,
y el ciclo de nacimiento y muerte no tiene fin.
Si recitamos su nombre, nuestro destino se transforma.
Por formidable que sea nuestro karma,
el poder del voto de Amitabha es aún más poderoso.
Al recitar el nombre de Amitabha con fe inquebrantable,
encomendamos nuestras vidas al Buda.
La red del karma se rompe al instante,
el curso del destino cambia,
el poder del voto abre un atajo,
y nos liberamos de las cadenas de causa y efecto.
Las alegrías y tristezas que encontramos,
la amargura y la dulzura que saboreamos,
surgen de causas arraigadas en vidas pasadas.
Sin el Dharma,
surgen y desaparecen según las circunstancias,
desvaneciéndose finalmente en la futilidad.
Pero ahora hemos escuchado el Voto Primordial de Amitabha.
Comprendemos que esta vida no es un accidente,
este karma no es fijo,
y este destino no es definitivo.
Aunque el destino parezca estar grabado a fuego,
cada vida con su propia marca,
no confiamos en el destino, sino en el Buda.
Lo que parece un camino predestinado,
es en verdad el camino de la liberación compasiva de Amitabha.
Y a través de ese camino, nuestro destino se transforma.
Si nos refugiamos en Amitabha,
nuestras vidas ya no están vacías.
Si nuestros corazones se encomiendan al Buda,
esta misma vida se transforma.
Encontrarse con el Buda Amitabha en esta vida es una bendición.
Comprender que el destino puede transformarse recitando su nombre es sabiduría.
Encomendar nuestro destino al Buda y, por lo tanto, transformarlo, es el Camino.
¡Namo Amituofo!
(Traducido por el equipo de traducción de la Escuela de la Tierra Pura; editado por Householder Fojin, editado al español por Foxing)









